La Belleza

23Jul08

Audio

Enemigo de la guerra
Y su reverso, la medalla
no propuse otra batalla
que librar al corazón
De ponerse cuerpo a tierra
bajo el paso de una historia
Que iba a alzar hasta la gloria
el poder de la razón
Y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
Y el que trepe a lo mas alto
pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto
la belleza
Míralos, como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los raíles
Que conduzcan a la cumbre,
locos por que nos deslumbre
su parásita ambición.
Antes iban de profetas
Y ahora el éxito es su meta;
mercaderes, traficantes,
mas que nausea dan tristeza,
no rozaron ni un instante
la belleza
Y me hablaron de futuros
fraternales, solidarios,
donde todo lo falsario
acabaría en el pilón.
Y ahora que se cae el muro
ya no somos tan iguales,
tanto vendes, tanto vales,
¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo,
ese viaje hacia la nada
que consiste en la certeza
de encontrar en tu mirada
la belleza

.

Luis Eduardo Aute


Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Lo siguiente es un sueño, literal y metafóricamente.

Un sueño que hoy leí por primera vez, aunque seguramente no sea la última, y su soñador, que prefiere mantenerse en el anonimato, lo definió con una frase que me fascinó y que a la vez funciona como título de este texto.

Un sueño, que a la vez es viaje mental:

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Hoy tuve un sueño. Soñé que estaba dentro de un gimnasio, como una cancha de basquet, en el habia un escenario. No podria describirte especificamente que habia al rededor, no podia ver nada, a lo sumo pedazos de tela azul colgando desde el techo, como si fuera un telón que se iba corriendo. En todo momento me sentí feliz, no podria explicartelo ahora, no sabria como. No habia nada, solo un escenario, tela azul colgando y un inmenso gimnasio. No entendia por que yo estaba ahi, ni cual era el objetivo del sueño. Es raro poder razonar dentro del estado onirico, pero es posible, es cuestion de rapidez, razonar rapido antes de que se termine la fantasia. Entonces pasa que se empiezan a escuchar ruidos, muchos, todos juntos, una rabiosa bola de sonido. Cada vez entendia menos: un gimnasio, un telon azul, ruido, estaba solo. Como sueño me estaba decepcionando bastante, hace poco habia soñado que saltaba de la terraza de un edificio y caía parado. Una sensacion increible. Pero todo tiene su vuelta de tuerca, y si el sueño viene bien, puede terminar de la mejor manera posible. El ruido empezaba a tomar forma, cada sonido se dividia por si solo y se clarificaba momento a momento. Como un viento calido, las formas sonoras pasaban por mi espalda haciendome retorcer de felicidad, llorando, porque esa musica me era familiar. Queria reconocerla en ese mismo instante, queria saber de que se trataba, pero que sentido tenia sacarle el velo a la intriga, le quita el disfrute, el sentido, no lo hace un sueño.
Empezaba a entender todo: el gimnasio, el telon azul, yo solo, la musica, el escenario. Todo parecia tener una razón, el sueño empezaba a convertirse en un sueño real. Esas figuras que por un momento pasaron desapercibidas, se descubrieron. Yo no lo podia creer. Estaban ellos ahi, en mi sueño. Su musica me transporta, pero nunca he soñado con ellos. Entendia porque estaba en un gimnasio con ellos, todo se volvia perfectamente simetrico, todo encajaba como si fuese una sola pieza. I know, I could be something, if I held on. Y como si fuese un chico de 12 años que va su primer recital, canté con toda mi garganta todos los estribillos, salté, me metí a mi pogo con ellos, ellos bailaban conmigo, cantaban conmigo, entre tema y tema hablabamos el mismo idioma, hablabamos corduroy, breath, state of love and trust, alive, sad, hasta hablabamos cobain, andy wood, y el que todos quisimos hablar siempre… neil young. Todas las cosas que quise escuchar las escuché. Los instrumentos se combinaban para mi. ¿Como hice para terminar ahi con esos pibes, rockeando, sacudiendo los pelos y saltando con toda la fuerza y gritando “yeah!” en la entrada del solo de even flow?
El sueño encontró una meseta. Una puerta que se abre. Una luz que se enciende, todos nos empezamos a mirar. Nos dimos cuenta que la cosa estaba terminando.
No queria dejar de soñar. Empezaba a llegar gente, quizas eran otros soñadores, que tuvieron la suerte de encontrar ese gimnasio con el telon azul y el escenario. Subi a saludarlos, me abracé con todos. Me reí con un inexplicable “thanks, dude, thanks…”. ¿Como parar de soñar eso? ¿Como explicarlo ademas? ¿Quien carajo me iba a creer semejante ridiculo? Mientras la gente se acomodaba y sonaban los primeros acordes ya empecé a entreabrir los ojos, sabia que ahi estaba el fin. Los ultimos diez segúndos de canción.
Ya despierto, mi asombro no habia terminado en lo mas minimo. Tenia que contarselo a alguien, alguien que comprendiera que un sueño es pensar un poco la realidad, construirla de a ratos. Ahi fue cuando leí… tenes un mail largo para leer. Sonreí y creí estar soñando.

Si en algun momento te olvidas de lo que fui, por la razon que fuere, aca me tenes, en unas cuantas lineas. Esto es mi “yo” en estado puro.”

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Al autor: Gracias por este viaje, y por transportarme a ese sueño hasta sentir que cantaba y aplaudía con vos y con ellos. Gracias.


“Pero es mi marido” dice, y esas palabras retumban sin convicción en su mente.

“Es mi marido” y siguen dando vueltas en cada célula de su cuerpo.

Ella sabe que debería amarlo, es su marido.

Se casaron. Entonces es su marido. Firmaron un papel. Y por eso, para siempre fidelidad y amor, hasta que la muerte los separe, así dice y así debe ser. Sólo la muerte los tiene que separar. Se casaron.

El llega del trabajo, ve la comida hecha y servida, el vino destapado, la casa limpia, reluciente, los chicos dormidos, todo como a él le gusta.

No. Error. Se equivocó. Los fideos tienen aceite. A él le gustan con manteca. Cagaste.

Tiró el plato al piso y le tiró el vino encima.

Cachetazo, de cariño. Trompada, de amor.

La agarra fuerte de los brazos, tan fuerte que lastima, tan fuerte que le deja los dedos marcados como moretones violetas de furia y de pasión y de ira. Y según él, de amor, para que aprenda.

Con tal de que no se despierten los chicos y la vean así, ella limpia todo rápido y en silencio, acomoda todo y no dice nada, a ver si se enoja más.

Unas marcas en la cara, pero se tapan con maquillaje, un poquito de crema antes de dormir, de la cicatrizante, que es cara pero por suerte Luís, el de la farmacia, le hizo descuento.

Mañana a trabajar y a hacerle la comida bien, porque si no se enoja.

“Estamos casados” piensa mientras se desviste para ir a dormir.

Está casada -cansada- así que hasta que la muerte los separe.

Firmó. Dijo “Acepto”.

Aceptó. ¿Qué aceptó? ¿Esto? Ella no sabía.

Pero aceptó, y el cura del barrio le dijo que no importa si no sabía. Ya firmó. Que lo solucione puertas adentro y como pueda. “Vos hablale, que con palabras todo se arregla”.

Se acuesta en la cama, está rogando que los chicos no hayan escuchado nada y sigan en algún sueño placentero donde todo es perfecto.

Quiere dormir pero tiene el corazón demasiado agitado. No sabe cómo calmarse. Tiene miedo. Quiere huir, y sin embargo está a centímetros del monstruo.

Ella comienza a sentir la mano de él acariciando su pierna.

No quiere. No sabe qué decir.

El la sigue tocando con una excitación casi violenta. Ella no sabe qué hacer.

“No. Los chicos están acá al lado”

“Me importa un huevo donde están, vení”

Con esta facilidad con la que evidenciás tu no cariño, con esa facilidad quisiera huir de vos, piensa ella.

Con odio y con una vida de mierda atravesada en la garganta, ella habla.

“No. No quiero.”

“Pero sos boluda eh, yo sabía que te ibas a encular, pero me hacés enojar bebé, si vos sabés que a mi me gustan con manteca. Dale, vení”

Ella sabe, como pasó otras veces, que si sigue insistiendo otra vez vienen los gritos, los golpes, los llantos –de los chicos y un poquito, a escondidas, de ella- entonces lo deja.

“¿No tenés de nuevo?” dice ella, aunque ya sabía, ya se imaginaba.

“No me vengas con la pelotudes del forrito. No siento nada con esa porquería.”

Ella es la que no siente nada, por dentro, por fuera, no siente, no está.

Solo piensa en los ruidos y en los chicos, que sigan durmiendo, por favor.

Está casada. Hasta que la muerte los separe. Sólo la muerte.

A la mañana ella se levanta a hacer el desayuno y preparar a los nenes para ir al colegio.

El se está yendo a trabajar. Un beso a los chicos y uno a ella.

“Te amo.” Le dice él desde la puerta. Como si dos palabras borraran los moretones de ayer. Los golpes de siempre. Los gritos y los celos y luego el amor falso en la cama.

Ella saca la pava del fuego, no quiere verlo más, ni hablarle, no quiere escucharlo, no quiere nada más.

“Pendeja de mierda, te dije que te amo, ¿no me escuchás cuando hablo?”

Los chicos miran con miedo, ya saben que los gritos no son un buen indicio.

“Yo también. Llegás tarde”

Los nenes desayunan mirando dibujitos.

“¿Durmieron bien?” Pregunta ella con miedo y con duda.

Los chicos no contestan. Miran al piso.

“Mas o menos”.

El terror mismo.

“Había un bicho que no sabíamos donde estaba, pero lo escuchábamos”

“Ah, un bichito.” Dice ella. “Pero los bichitos son buenos, no hacen nada, sólo ruido”

Deja a los nenes en el colegio y se va al trabajo. Pasa por la farmacia a comprarse unos anteojos bien oscuros porque los que tenía se rompieron –los rompió- y necesita otros.

“Luisito, ¿me darías unos anteojos de esos por favor?”

“Basta. Mirate la cara. Basta. Si no hacés la denuncia vos la hago yo. Es un hijo de puta”

Ella mira al piso, con pánico, está paralizada, descubierta, desenmascarada, rescatada, alguien ve.

Y en lo único que piensa es en los chicos.

“Pero es mi marido”, piensa, y todavía esas palabras retumban sin convicción en su mente.


Te veo, me ves. Te digo hola. Me decís hola.

Que estoy cambiada, que vos también, te digo. Que cuanto pasó, te pregunto, cinco años me decís.

Cinco años de no verte. Cinco años sin tu tacto, cinco años de pensar si alguna vez volveríamos a vernos. Cinco años de imaginarme ese encuentro. Y acá estamos. Ambos.

Todavía tengo algunos discos tuyos, vos algunos libros míos, no queremos devolvernos nada, es el único rastro que hay del otro. Los discos están igual que antes. Nunca los pude escuchar, no me atreví. Sólo los quería ahí, en mi mesa de luz, al lado mío cuando duermo para que me protejan. Para que estés vos, de alguna manera, conmigo en esa cama que después de vos me parecía inmensa.

Me hablás de algo, te escucho pero no sé de qué hablás, yo solo te miro gesticular, te miro los ojos, la boca, la cara, estás igual, y a la vez tan diferente.

No me importa con quien estuviste, si te volviste a enamorar, si te fuiste a otro país, solo quiero que estés acá.

Los dos queremos preguntar por qué terminamos, los dos queremos besarnos. Y sin embargo algo nos detiene. Nadie nos ve, nadie nos conoce, y aún no podemos.

Siento todo lo que pensé que se había muerto hace cinco años. Taquicardia, respiración agitada, dolor de panza, estoy en un estado idílico, volando, caminando sobre nubes.

Quiero besarte o salir corriendo pero no aguanto más mirarte. No quiero mirarte sin tocarte. No quiero escucharte sin sentirte. Seguimos caminando. Seguís hablando. Yo siento que estoy en otro mundo, con vos. Y que no quiero que se termine nunca.

Que alguien congele esto ya mismo.

Me mirás y me preguntas en qué estoy pensando. Te miro. No digo nada. No decís nada.

Nos miramos y sabemos lo que pensamos, vos me entendés con la mirada.

Me agarrás la mano, me haces una caricia en la cara, te doy un beso, sonreímos.

Y eso bastó para saber que nunca más queremos separarnos.


Lo siguiente es una cita de un libro que estoy leyendo, llamado “Feminismo para principiantes” de Nuria Varela:

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“Así, dice el Diccionario de la RAE ¡en su vigésima segunda edición del año 2001!

<Feminismo: Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.>

Tres siglos y los académicos aún no se han enterado de que exactamente eso es lo que no es el feminismo. La base sobre la que se ha construido toda la doctrina feminista en sus diferentes modalidades es precisamente la de establecer que las mujeres son actoras de su propia vida y el hombre no es el modelo al que equipararse ni es el neutro por el que se puede utilizar sin rubor varón como sinónimo de persona. ¿Pensará la Academia que las mujeres no tenemos derecho al aborto, por ejemplo, puesto que los hombres no pueden abortar? Siguiendo a Victoria Sau,<el feminismo es un movimiento social y político que se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado bajo sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquélla requiera>”.

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Esta cita me pareció pertinente para hacer alusión a un tema que es protagonista –sobre todo en los últimos meses- en nuestra sociedad, y es justamente la segmentación, la desmembración, la división que se pretende instalar, el odio presente y que cada día se manifiesta en declaraciones que pretenden ser revolucionarias y son tan retrógradas como las personas que las emiten: “oligarcas/pueblo, campo/gobierno, feministas/machistas, “progres”/ “golpistas”, grupo Clarín/gobierno”. Éstas supuestas antinomias son simplemente circunstancias de la estrategia subyacente.

Muchas de estas divisiones son absurdamente ficticias, y justamente las comillas en las palabras “progres” y “golpistas” se deben a que estos términos son simples denominaciones carentes de sustento.

En primer lugar me parece aberrante el abuso de la palabra que se está ejerciendo, yo creo absolutamente en la libertad de expresión, pero jugar con las palabras “dictadura”, “golpista”, “golpe de estado” de la manera en la que se está haciendo ahora, jugar así con el sufrimiento y las vidas perdidas de tantas personas y comparar todo con uno de los peores genocidios y hechos que vivimos como país, me parece terrible, mucho más que moralmente incorrecto, es decididamente monstruoso.

Volviendo a las divisiones impuestas, particularmente no veo estas diferencias, no veo que realmente la sociedad esté dividida de ésta manera, simplemente veo individuos: los que son funcionales al sistema y los que quieren funcionar a pesar del sistema.

En esto hago un paralelismo con fragmentos de la cita previamente escrita: si el feminismo intenta establecer que las mujeres son actoras de su propia vida, si supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión y dominación de la que son objeto, entonces ¿por qué no podemos vernos a nosotros como sociedad, de ésta manera? ¿Por qué no podemos todos unirnos en un movimiento que pretenda abolir la dominación a la que estamos sometidos como sociedad?

Creo que estamos claramente bajo la influencia del “divide y reinarás”, axioma político de Nicolás Maquiavelo, que supone que la mejor manera para obtener poder de parte de quien gobierna es dividiendo; esto tiene una interpretación bastante lógica, y es que: fragmentando al “enemigo” y dividiéndolo en múltiples enemigos, éstos jamás se unirán para hacer un frente común.

Viendo los resultados, parece que está funcionando, estamos todos divididos y cada día surge un personaje nefasto a hacer declaraciones que pretenden fraccionar aún más con el objetivo de que nosotros, las personas constituyentes de la sociedad, nos veamos los unos a los otros como si fuéramos antagónicos, adversarios, incompatibles, cuando en realidad, es claro, la única manera de lograr cambios es uniéndonos en pos de un objetivo común.

Mi pregunta es mi propuesta: que tratemos de vernos a nosotros como sociedad, de la manera en la que el feminismo -según la acepción de éste libro- se ve a sí misma, tratemos de unirnos más allá de las diferencias que siempre habrá simplemente por el hecho de que somos personas diferentes, tratemos de tomar conciencia de la situación y no comprar el discurso oficial que pretende vestirnos de blanco o de negro, sin admitir los grises.


Las nenas

04May08

Son nenas. Nenas chiquitas y con miedo.

Se creen mujeres, están desesperadas por crecer y aparentar más edad.

Pero son nenas. Chiquitas. Indefensas.

Se juntan con su grupo de amigas, van a tomar una cerveza y seducen al tipo del bar para que las deje tomar igual, porque se nota, se ve, son nenas chiquitas. Pero está de moda.

Poder tomar cerveza a cualquier hora aunque sea ilegal porque sedujiste al barman, tiene su encanto.

Tomar cerveza en un bar a los doce, trece, catorce, quince, fumar el eventual cigarrillo mal fumado, tiene su magia. Hasta parecen mujeres.

Un corpiño con relleno, una remera escotada, una planchita, mucho maquillaje. Listo.

Ahora hablan un poco de sexo y de orgasmos en voz alta y el efecto está logrado. Parecen mujeres.

Son nenas. Nenas chiquitas e indefensas, confundidas.

Para ir al colegio planchita, maquillaje, jean ajustado, casi igual que para salir pero menos delineador. Y también, la actitud de “no me importa un carajo”.

Claro, si hasta parecen mujeres así.

Ellas ya quieren hablar de parciales y finales.

Se cansaron de Educación Cívica, quieren tener Semiología o algo que suene raro y de mujer grande.

Pero son nenas.

En los recreos siempre todas juntas al baño, a hablar de sexo y porros y despertar admiración por las chicas verdaderamente inocentes. Les encanta. Hasta parecen mujeres.

“Los hombres no sirven para nada” te dicen. “Yo soy independiente”

“No necesito hombres, los novios son un bajón”

Lo dicen en serio.

Les gusta decir eso, les gusta parecer más grandes.

No necesitan a los hombres. Sin embargo viene uno y le ofrece plata o unos tragos-depende el escenario- a cambio de sexo oral.

Mira a las amigas. Las amigas se ríen y le dicen “andá boluda, es sólo sexo”

Ella va. Pero no necesita a los hombres.

Ella, la nena indefensa, la nena chiquita y con miedo, confundida, va, a un baño sucio con un hombre desconocido que no sabe ni su nombre. Claro. Eso, a sus ojos, es de mujer grande.

“No le cuentes a mi vieja, boluda”

No. Claro. En casa son las nenas indefensas que realmente son. No aparentan. Ahora, después, apenas se calzan los jeans, apenas salen a las calles, son otras. Son mujeres ahí.

“Soy cero estructurada” dicen, porque la distinción es la maratón, el no-control, el despojamiento de todo orden conocido. Maratón de tragos tomados, maratón de hombres besados (y algo más quizá).

Les encanta preguntar cuántos años le dan y poner cara de grande. Les encanta escuchar que parecen de más, les encanta usar palabras raras. Así hasta parecen mujeres.

Son lo que todas las otras chicas de su edad quieren ser, y a la vez, lo que aborrecen.

Y mientras tanto, ellas van seguras, diciendo sus frases de mujer grande, tomando sus cervezas de mujer grande, vistiéndose, hablando, pensando, actuando, aparentando.

Se sacan fotos besándose entre sí, porque saben que dos minas besándose excita, saben que excitar es de mujer grande.

Pretenden irradiar sexualidad y sensualidad.

Despiertan sensualidad entre sus pares, pero a ojos más maduros, lo que se ve es otra cosa.

Se ve una nena, chiquita, indefensa, con miedo, tratando de ser grande, se ve claramente la confusión, se ve el deseo desesperado y exasperado de convertirse en algo que no es. Se ve la ingenuidad reprimida, una infancia encarcelada que pugna por salir al exterior de ese disfraz de mujer.

Se ve una nena tratando de seducir, tratando de erotizar, tratando de excitar. Se ve a una nena.

Y a mí lo único que me producen son unas ganas incontenibles de ir a abrazarlas, decirles que se relajen, que tienen toda su vida para ser así, que nadie las juzga más que ellas mismas, que no existe la moda, que aparentar no significa nada, que lo único que importa es que ellas sean felices, y que se quieran como son.


Conexión

02May08

Cuando una persona encuentra conexión con otra, se siente. Es una sensación tan minuciosa y acabadamente intensa, que es casi como sentir una dolencia física. Se siente, está allí, en el aire, no está sujeta a singularidades, por el contrario, irrumpe de manera casi palpable.

La conexión interpersonal, como todo lo bueno – aunque yo diría que excede ampliamente ese adjetivo- no es algo demasiado común, no abunda. Nos pasa, de hecho, con muy pocos.

En ésta acepción, la conexión no es necesariamente sinónimo, ni siquiera sentimiento adjunto, de afinidad o de afecto, no es un sentimiento que deriva indefectiblemente de una amistad o de un amor. Es algo que simplemente se da o no y dura toda la vida, más allá de que se desgaste el vínculo afectivo con esa persona, en el fondo siempre sabemos que la conexión entre los dos es incorruptible.

Cuando esto pasa, cuando podemos conectar, es maravilloso. Cuando pasa, se siente una adrenalina correr por las venas, una excitación de los sentidos, una especie de deja vu constante, una irrefutable sensación de familiaridad y de rareza, como si ya conocieras a esa persona. A veces, hasta se puede anticipar las respuestas del otro, prever su reacción ante lo impensado, se intuye, se percibe, se siente.

Cuando se encuentra, se siente esa conexión, es algo inmediato, intenso, íntegro, penetrante, es una revolución de la mente, una sublevación de los sentimientos, y como todo lo que moviliza, puede despertar asombro, incredulidad, incluso miedo.

Encontrar una persona que tiene un sentido del humor afín, que entiende una intención sin necesidad de segundas explicaciones, sentir que hay una persona en el mundo que te entiende con la mirada es algo fuerte y que no debe ser subestimado. Se gestan códigos, se expresan ideologías, se manifiestan pensamientos, pero más que decir, expresar o manifestar, la palabra es compartir.

La historia, la cultura, la sociedad, o toda la constelación de significados simbólicos en la que vivimos, tienen cierto paradigma de vida a seguir que si bien no es obligatorio, goza de un peso moral, y que consiste básicamente en “estudiar, trabajar, casarse, tener hijos”.

Globalmente y desde hace siglos, nos vemos penetrados, a través de películas, libros, mitos y demás formas de comunicación, con la idea de que todos debemos seguir éste modelo. Sin embargo, yo humildemente opino, desde la experiencia, que si hay algo motivador, imponente, sublime que todos merecen sentir alguna vez, es la conexión.


Fotografía

16Abr08

Me acuerdo todavía cuando una foto era algo preciado. Cuando se sacaba la cámara sólo para documentar para la posteridad algo que sea valioso, algo que amerite ser recordado.

Era como un ritual, se sacaba la cámara en alguna reunión familiar y los chicos, inquietos y enérgicos rezongaban mientras los abuelos trataban de convencerlos de que se reúnan, posan y sonrían.

Las adolescentes más coquetas corrían al baño a maquillarse para salir bien, se acomodaban el pelo y salían con total naturalidad a fingir que no querían salir en la foto.

Los abuelos se miraban en algún espejo para corroborar que no tenían comida entre los dientes y las tías corrían a agarrar a sus hijos para limpiarles la nariz y dejarlos presentables. La foto era un momento especial, la foto era la memoria.

La imagen nunca era estática, siempre salía alguien hablando, o todos riendo porque la encargada de sacar la foto se empecinaba en no sacarla hasta que todos griten “Whisky”, o porque apretaba el botón y no salía el flash, o porque se había olvidado de ponerle el rollo a la cámara, y justo ahí era el momento perfecto para que los chicos aprovechen y le digan “sos una boluda, tía”, y rían a carcajadas.

El momento de revelar el rollo era el más esperado, era la intriga de ir a buscar una secuencia de lo que pasó, ver plasmados en papel todos los momentos vividos, recordar la situación y enterarse de cosas no vistas.

La familia entera se llamaba para ver cómo habían salido las tan esperadas fotos, si estaban lindas, todos pedían que les guarden los negativos para hacer copias. Era la excusa ideal para hacer otra reunión, encontrarse y reírse de lo mal que salieron, o de que sacaron seis veces la misma foto.

Era un ritual familiar y alegre, donde la foto en la que todos salieron bien se vería multiplicada en un marco en todas las casas de la familia.

Esas fotos eran un archivo tangible, palpable, guardado con un nombre como “Navidad del 95”, al cual siempre se podría recurrir, o sin intención encontrar y sonreír sorprendido.

Como muchas cosas que cambiaron, una foto hoy ya no vale lo que antes valía.

Se sacan fotos de cielos, de plantas, de zapatos, de ojos, de caras, que jamás verán el papel, fotos que jamás podrán tocarse.

La expectativa de ir a revelar el rollo ya no existe, la espera llena de ansiedad hasta poder ver las fotos se perdió.

Hoy se sacan cientos de fotos por día. Se eliminan, se sacan, se pierden.

El ritual ya no existe, nadie se ríe de que no sale el flash, o de que todos salieron con la boca abierta, porque con sólo apretar un botón -y sin ningún otro gasto- se saca otra nueva foto. Se elimina y se renueva.

Las computadoras están atiborradas de fotos extrañas, en blanco y negro, fotos de cuerpos fragmentados, de bocas, de narices, de pies, fotos iguales frente a algún espejo, gente con las mismas caras, que no aparecerán jamás enmarcadas. Fotos que los padres ya no pueden mostrar a sus amigos en alguna sobremesa. Fotos que son lo mismo que nada.

La fotografía constituye el emblema del recuerdo, la bandera de la memoria, de una simple fotografía se pueden inferir modos de vida, pensamientos, sentimientos. Una foto puede tener tantas miradas como personas la observen. Una fotografía puede transmitir mucho, o nada. Puede movilizar, puede inspirar, puede modifican puntos de vista, inducir a la reflexión, o puede simplemente retratar un determinado donde y cuando. Un momento en un lugar, cuando la vida de una o muchas personas se detuvo por un instante, se congeló para siempre.

Hoy, una foto ya no vale.

Ante cualquier acontecimiento ya hay celulares modernos que documentan el momento. Cámaras digitales cada vez más pequeñas que ante la menor situación disparan sus flashes. Fotos que recorren el mundo. Casi nada es privado, casi todo es público. Ya no importa haber vivido el momento, porque se pueden encontrar las fotos. Ya no importa la imaginación, el relato, las ansias, el activar la mente para fantasear sobre lo que pudo ser, porque se busca, con un enter, y se encuentra la foto buscada. Se vive artificialmente el momento. De todo hay foto. El recuerdo personal se está convirtiendo en minoría.

Las fotografías, tan importantes, se han banalizado, se han vuelto hasta una moda adolescente, donde la distinción pasa por una especie de producción en masa, donde todas las fotos de las personas de medianamente la misma edad, son idénticas.

Han surgido, como puro ejemplo de la cultura del sigo XXI, unas páginas donde se pueden mostrar fotos personales a completos desconocidos y no tanto, éste es el claro ejemplo de que la fotografía, lejos ya de ser preciada y de constituir un recuerdo para la posteridad, es una moda. Se ven fotos iguales por doquier, distintas personas en iguales poses, efectos de computadora que modifican la fotografía hasta desfigurarla y dejar al protagonista irreconocible, fotos, que valen nada. En una medida de capacidad que ni siquiera es palpable entran miles y miles de fotos. Fotos, que valen nada.

Así como pasó con las enciclopedias, con los libros, y con las cartas, que se sustituyeron por las varias opciones de Internet, –y yo espero, no se pierdan del todo-, está sucediendo con la fotografía.

Creyendo que avanzamos en la tecnología y que estamos conectándonos globalmente, que es cierto, estamos también, perdiendo algo muy valioso y es el contacto interpersonal, la interacción cara a cara, la retroalimentación.

Los sustitutos de los medios de comunicación de antes, que incluyen a las fotografías, claro, porque las fotos comunican tanto o más que una carta, tienen como característica, a mí entender, la despersonalización, el aislamiento, la reclusión.

Sin darnos cuenta, embelesados y estupefactos por la rapidez y la abundancia de información, no vemos lo que al mismo tiempo estamos perdiendo, que son los rastros, las huellas de nuestro existir y de vidas pasadas. Se está perdiendo algo que culturalmente es, o debería ser, un tesoro, y eso es el boca a boca, las reliquias, los vestigios y las impresiones de vida. Las historias que constituyen nuestro pasado y sobre el cual podemos moldear el presente y proyectar el futuro.

La tecnología tiene muchos beneficios, claramente. Pero al mismo tiempo cabe preguntarse ¿se justifica perder todo lo perdido?


Camino por Avenida Corrientes. Comencé mi periplo hace pocas cuadras y ya veo cómo cambian las situaciones, las caras, los problemas.

Veo nenes pidiendo en las calles, rompiéndome el corazón, tirados en la vereda con ganas de ganar unos mangos para irse a dormir. Hablamos y me cuentan su historia. Se mezclan sus ganas de hablarme – o de hablar con alguien- con su discurso para vender, les compro algunos calendarios tamaño bolsillo que están vendiendo y les digo que sigamos hablando. Me siento en la vereda con ellos y me dicen que no pueden hablar, que si los ven hablándome después les pegan. Me acuerdo cuando caminando por la calle con una amiga, nos pasó algo similar con un nene. Me acuerdo del hermoso texto que mi amiga escribió contando esa situación. Les hago un mimo en el pelo y me voy con bronca, enojo, con idealismos casi utópicos y a la vez sintiendo decepción.

Camino, las cuadras pasan como los minutos. Ahora cambia el panorama… cuanto más me acerco hacia el obelisco y me sumerjo en el mundo cultural de los teatros, los cines y las librerías, no veo ya a la misma gente.

Veo gente feliz, veo gente avasalladora, mujeres que caminan autónomas e independientes con la mayor de las confianzas, hombres que van a su lado siguiéndolas casi adorándolas. Gente distinta. Pero no por eso menos conflictuada.

Sigo observando y veo otro tipo de mujeres. Las hay vistiendo ropajes de colores y con pelos cortos, llevando libros de teatro o algún instrumento, caminando seguras e inspirándome.

Veo mujeres y hombres vendiendo sus artesanías en la vereda.

Personas vendiendo de nuevo. Con unas diez cuadras de diferencia. Pero qué diferente es la situación. Qué diferente lo que me transmite.

Me siento con ellos, pregunto precios, les pregunto cómo hacen con sus manos un producto tan lindo, sonríen, me dicen gracias, les compro una pulsera marrón hermosa. Hablamos de las personas que pasan sin mirar, de la belleza que se pierden. Reímos. Decimos que otro día paso por ahí y nos tomamos una cerveza.

Veo más gente. Muchísima gente. Mujeres de plástico, mujeres dominadas quizá, me invento sus historias. Quiero entender porqué alguien quisiera destruirse la cara de esa manera, inyectándose quién sabe qué para amoldarse a los enfermos y enfermantes cánones de belleza de hoy.

Veo hombres también. Hombres mayores que miran a la juventud que vi yo minutos antes, mirando a esas mujeres de pelo corto casi con desprecio, casi discriminando con la mirada. Quiero ir a decirle que es un pelotudo y seguir caminando, pero no. No vine a eso hoy. Pelotudos hay, eso siempre lo supe. No voy a dejar que me caliente.

Veo ahora parejas enamoradas, parejas que -percibo- están juntas por interés, hombres que puedo anticipar son déspotas y machistas, gritándole a alguna mujer por quedarse viendo algo en una vidriera. Me repito: pelotudos hay, siempre lo supe.

Los pasos avanzan, los minutos corren, las cuadras parecen desvanecerse y los teatros siguen allí, intactos. Las caras cambian pero siguen los mismos patrones que vi hasta ahora.

Sigo observando las caras, los gestos, las personas, las veredas. Me siento rara.

Siento que acabo de ver en veinte cuadras un espectáculo de circo, una muestra de lo que es nuestra sociedad. Pobreza y gente de guita. Simpáticos y Enojados. Dominadores y dominados. Mujeres de plástico y mujeres inspiradoras. Simplemente gente.

Estoy cansada de caminar. Me siento en la vereda, veo los autos pasar, me prendo un pucho. Veo la pulsera hermosa que me vendieron esos artesanos. Pienso que la semana que viene vuelvo a su puesto y nos tomamos esa cerveza. Después de unas pitadas saco de mi morral el calendario que me vendieron los nenes. Pongo una carita feliz en el día de hoy, Sábado 17 de noviembre. Después de ver todo ese espectáculo circense, me siento feliz de ser quien soy.


Avenida Corrientes, cada vez que camino por esas cuadras saliendo desde el Obelisco tengo la misma sensación, la Avenida Corrientes es un muestreo perfecto del paradigma de nuestra sociedad. Pero no es un muestreo, es una biopsia. Una pequeña muestra representativa de una masa mucho mayor.

Ayer caminaba por esa avenida que tanto amo, arquetipo de nuestro mundo cultural a veces mediocre, a veces imponente, sintiendo la brisa caliente de los 30 grados de diciembre y disfrutando un cigarrillo.

Escucho gritos de golpe, gritos femeninos, puteadas en realidad, y algunas pocas personas en ronda tapando el origen de esos gritos.

Cuando estoy más cerca veo qué es lo que pasa, los gritos son cada vez más fuertes, cada vez más irritantes, las puteadas son cada vez más peyorativas, cada vez más discriminadoras. Vienen de una mujer que vendía artesanías en la calle. Por su acento y sus rasgos sé que no es de acá, sino de un país limítrofe. También veo un hombre africano, que vende cadenas y anillos de oro y plata en la calle, veo su puesto justo en frente de donde están ambos.

La mujer lo está puteando de arriba a abajo, le dice los insultos más peyorativos y denigrantes que existen, aludiendo a su color de piel, a su ignorancia, a su incapacidad para hablar, asumiendo que es un ladrón y la quería robar. El hombre, claramente, no podía reaccionar frente a tanto grito y escándalo, intentaba decir que él no era, que ella estaba confundida, pero aquella mujer no lo dejaba emitir palabra y lo seguía denigrando.

La gente pasaba caminando al lado como si nada estuviera pasando, yo pasé brevemente por allí y pensé en lo paradójico de esa situación: dos minorías, que suelen ser discriminadas, discriminando.

Seguí caminando, con dos opinólogos detrás de mí. En voz bastante alta querían mostrarse como tolerantes y sin embargo su discurso era aún más racista que el de aquella mujer.

-”Pero no lo puteó por ser negro, ni en pedo, el chabón le quería afanar o algo”

-”No boludo, la mina le decía que se vuelva a su país, que era un negro de mierda, obvio que era por eso”

Cuando de esa conversación no pude aguantar más, apresuré mi paso hasta dejarlos atrás, y me topé con otra situación. Una mujer que recuerdo haber visto en alguna telenovela diurna, vistiendo un pantalón corto que más se asemejaba a una bombacha, y mostraba claramente sus piernas delgadas y largas. Volteaba cabezas y muchos hombres la miraban. Dos mujeres la fulminaron con su mirada envidiosa y cuando pasé a su lado las escuché decir:

-”Ni que haga tanto calor… qué trolita”

-”Encima pintada como una puerta, que pedazo de boluda”

Mi excursión estaba terminando, a pocas cuadras de mi casa, me prendí otro pucho y comencé a pensar en lo que recién había presenciado.

Se resalta en los medios que la mujer ha dado un paso importante por que ahora hay una presidenta y como consecuencia, el género femenino estará menos limitado que antes. Es el comienzo de una revolución de los derechos de la mujer. Se destaca cada vez más la importancia para el feminismo de tener por primera vez una presidenta. Importancia que de ninguna manera niego, pero a la vez, creo que el modelo de mujer que se muestra en las calles es igual al de cuando había presidentes hombres. Un modelo de mierda. Que contribuye a que sigan existiendo las generalidades y los prejuicios entre los géneros y que acentúa más las diferencias entre el hombre y la mujer, y sus consecuentes machismo y feminismo.

La teoría difiere cada día más de la práctica. En las calles está la misma discriminación y la misma tolerancia, la misma inclusión y la misma envidia, la misma pobreza y los mismos ricos.

Todo sigue igual, pero ahora la mujer, desde la teoría, debe sentirse más respaldada y amparada, pues la revolución está llegando y ya no es utópica. La revolución no es tal por tener presidenta, lo que constituye la revolución de la mujer es que todo el género muestre un cambio. Si pretendemos tolerancia entonces seamos tolerantes. Si pedimos menos discriminación entonces dejemos de lado las diferencias.

Empecemos por casa.

Esto es sólo una perspectiva más entre miles.

Es sólo un trayecto más en la ciudad de Buenos Aires.


Goethe

04Abr08

“At the moment of commitment, the universe conspires to assist you.”



La educación es claramente una herramienta habilitadora, un arma de defensa y una inversión para desenvolverse plenamente en todos los ámbitos de la vida.

El nivel de educación de la población de un país constituye un factor diferenciador estratégico, que puede y debe mejorar desigualdades sociales que, en nuestro país, son cada vez más complejas.

Uno de los problemas educativos a resolver, es la concepción de que la educación debe capacitar a los estudiantes exclusivamente para su desempeño profesional, cuando en realidad, la educación no debe reducirse a formar especialistas y expertos en un determinado terreno sino que es, o debe ser, una herramienta para aprender a pensar objetivamente.

La educación constituye un paso imprescindible y fundamental para poder manejar objetivamente la información que se nos presenta y sacar nuestras propias conclusiones.

La educación repercute tanto a nivel individual como a nivel colectivo, por esto mismo es una herramienta esencial, porque es justamente el accionar colectivo el que puede lograr una diferencia.

En la actualidad de nuestro país, diferentes ámbitos están en deterioro, y en mi opinión, el ámbito educativo es el que más prioridad debe tener en las políticas, porque los niños que hoy no tienen educación, son los que constituirán el pueblo mañana, y un pueblo ignorante es susceptible a ser objeto de manipulaciones inescrupulosas y a injusticias que, claro está, por su ignorancia, no podrá reclamar.

Claramente, hay muchos factores que impiden el crecimiento del nivel educativo de la población; como el hambre, la droga, o el desempleo de los padres que obliga al trabajo infantil de sus hijos, postergando así sus estudios o incluso renunciando a ellos para siempre. Pero también es innegable que un niño hambriento no puede estudiar, y entonces entramos en un círculo vicioso en donde uno constantemente se pregunta qué está primero, qué es prioritario y finalmente no termina haciéndose nada.

La educación debe promover mayor inclusión social, por este motivo, un cambio en el ámbito educativo tendrá repercusiones en todos los demás ámbitos.

La educación, la idónea, la eficaz, promoverá la tolerancia y el respeto, disminuirá la discriminación y apuntará a una mayor integración social.

El problema radica en que nuestro sistema educativo actual no es idóneo ni eficaz, y vivimos en tiempos donde la exclusión y la marginalidad están cada vez más vigentes.

Personalmente considero que entre las muchas reformas necesarias, se debe abandonar el sistema de una educación que apunte a memorizar sistemáticamente conceptos sin estimular la formación de una opinión, y se debe, en cambio, poner énfasis en la educación como instrumento habilitador para crear una mejor conciencia social y una mejor sociedad.


El 24 de marzo de 1976 La Junta de Comandantes asumió el poder, integrada por Jorge Rafael Videla, Eduardo Emilio Massera y Orlando R. Agosti. Designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla, y con esto se le puso un nombre, “se oficializó”, el genocidio, las torturas y los secuestros.

Podría comenzar a hablar de mi postura personal, de mi repudio, de la repulsión que me dan algunos sectores y personas que defienden ese período sangriento, porque es defender lo indefendible, podría comenzar hablando de eso, despotricando contra esa porción de la sociedad, contra su ideología y sus acciones, pero antes quiero aclarar algunos términos ya que, tristemente, soy conciente de que muchas personas no saben de qué hablan cuando dicen “algo habrán hecho”, tres palabras que me despiertan inusitada bronca y furia.

Con este texto no quiero apelar a los que piensan como yo, invocar a lo que ya sabemos qué reclamar: memoria, verdad y justicia, a los que ya sabemos qué repudiar: olvido y perdón. Con estas palabras quisiera llegar a los que no les importa qué sucedió. A los que viven sumisos en la negligencia y la ignorancia, a los que no les importa informarse y repiten cual disco rayado lo que opina un tercero.

La dictadura se caracterizó principalmente, por el sistemático abuso de los derechos humanos:

la censura: “Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere comunicados o imágenes, con el propósito de desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales.”

la desaparición de personas: La persona, sea mujer, hombre o niño, era secuestrado por un comando paramilitar donde, convertido en un número y sin ninguna garantía legal, quedaba a merced de sus captores. Se los sometía a interrogatorios basados en tormentos físicos. Este abuso duraba meses o años hasta que finalmente se los sedaba y arrojaba al Río de La Plata desde aviones o helicópteros militares y en fosas comunes; y ocultamiento de cadáveres, sin ningún tipo de identificación.

Los campos de detención: Se levantaron centros clandestinos de detención y torturas. Locales civiles, dependencias policiales o de las propias fuerzas armadas funcionaron como centros clandestinos. Estas cárceles clandestinas tenían una estructura similar: una zona dedicada a los interrogatorios y tortura, y otra, donde permanecían los secuestrados.

Apropiación de chicos: Los niños robados o que las madres parían en los centros de detención fueron inscriptos como hijos propios por muchos miembros de la represión, vendidos o abandonados en institutos.

La noche de los lápices (16/9/76): implicó el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata, que habían luchado en defensa de un boleto estudiantil.

La razón de explicar brevemente algunos términos, es justamente para que no haya lugar al “algo habrán hecho”, ni mucho menos al “No eran treinta mil”, esa discusión ni siquiera debería existir, porque no debería haber UNO.

No existe la justificación por cuántos eran, no existe.

No debería haber ni UN desaparecido, ni UN secuestrado, ni UN torturado, ni UN chico apropiado. Son abusos aberrantes, morbosos y monstruosos que no deberían suceder. Nunca. Ni una vez ni treinta mil.

Justamente el problema de ayer sigue siendo el de hoy, la negligencia y la ignorancia. Las personas que en aquél momento decían “algo habrán hecho”, son las mismas a las que, hoy, no les interesa investigar qué sucedió hace 32 años, son las mismas a las que no les importa saber, estudiar, informarse, pero sobre todo formarse.

Y yo no encuentro un solo motivo para entender por qué no les importaría informarse, porqué no les interesa saber qué pasó.

¿La idea es seguir siendo ignorantes?

¿El plan es no meterse en cosas del pasado, mantenerse ajeno a la historia?

¿No es evidente que la historia puede repetirse?

¿No es indiscutible que la memoria es esencial para no cometer siempre los mismos errores?

¿No es claro que un pueblo que dice “no me importa saber” es un pueblo ignorante?

¿No es indudable que un pueblo ignorante es un pueblo susceptible a ser manipulado?

Lo indispensable para que un pueblo sea manipulado es que sea ignorante, pero a la vez, que esté aterrorizado, instaurar el miedo para que el pueblo no se anime a manifestarse, exteriorizar sus reclamos, expresarse libremente, pero sobre todo, genuinamente.

Estas personas secuestradas y desaparecidas, a veces niños, a veces adolescentes, a veces adultos, eran en su gran mayoría individuos comunes y corrientes, probablemente pensaban igual que muchos de nosotros y simplemente se animaron a alzar su voz, hacer escuchar sus reclamos, unirse en pos de un objetivo común y luchar, manifestarse, no eran “subversivos” “insurrectos” ni tantos de los otros rótulos que se les pusieron a ellos ayer y se les sigue poniendo hoy a quienes se salen de la estructura, el orden y la “disciplina” que nos imponen. Se rebelan del molde para pensar objetivamente y no responder asintiendo a un dogma incuestionable.

De eso se trata justamente, cuestionar, razonar, debatir, poner en duda.
Para que podamos manejar objetivamente la información que nos presentan, pasarla por el filtro de nuestra mente y sacar nuestras propias conclusiones. No caer en el “algo habrán hecho” para defender algo que no conocemos con profundidad.

Informarse, formarse, y comprender, tener una ideología fundada en una base sólida.

Para que la lucha de ellos y la nuestra en defensa de los derechos que nos corresponden no sea en vano es importante que se continúe con la formación de ciudadanos cultos; es fundamental la capacidad de pensar, de discernir críticamente sobre razones propias, escuchar otras posiciones y buscar formas de consenso que permitan la convivencia con tolerancia, con solidaridad y con respeto.

No a la impunidad y el olvido.

Para información más exhaustiva:

http://www.me.gov.ar/efeme/24demarzo/index.html


The fundamental difference between Strasberg and Adler is in how each approaches the problem of accessing emotion. Strasberg was always a strong advocate of emotional memory, i.e. using the five senses to evoke a past private emotion, whereas Adler thought that if you studied the text and truly believed in the imaginary circumstances all the emotions in the script would surface organically.

 

Ay Estelita, cuánta razón.


“Éramos amigos y nos hemos vuelto extraños. Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo”

 


Cortazar

18Feb08

“No estabamos enamorados, haciamos el amor con un virtuosismo desapegado y critico, pero despues caiamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraia mientras nos mirabamos y sentiamos que eso era el tiempo.”


No importa tu nombre si me puedes contestar  
son tantos tus sueños que ves el cielo 
mientras te veo bailar...